La Manifestación de la Jerarquía planetaria es un paso previo e imprescindible a la reaparición del Cristo Cósmico en el Planeta, esta vez como Maitreya, el próximo Avatar. En realidad lo que debe producirse es el reconocimiento de que la misma está presente en el Planeta - tal y como acabamos de referirlo - e influyendo de modo progresivo y decisivo a la vez, en el predominio inevitable de la Luz sobre la Oscuridad y de los valores y modo de vida de la Era de Acuario sobre los de la Era de Piscis. Esta reaparición del Cristo Cósmico como Maitreya – más allá de cualquier especulación religiosa, ya que el hecho tendrá al igual que en las demás ocasiones, un origen supra humano y un alcance universal – corresponde a una secuencia, que como veremos en el próximo capítulo, está claramente establecida en La Gran Invocación. En efecto, el primer Avatar manifestó la Luz que proviene de la Mente de Dios, el segundo manifestó el Amor que proviene del Corazón de Dios, y el próximo manifestará el Poder, entendido éste, como la expresión de la Voluntad al Bien y el Poder Creador del Espíritu de Dios. Y La Gran Invocación finaliza expresando: “Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra”.
Aprehendiendo la sencillez y la infinitud a la vez de esa breve sentencia, la reaparición de Cristo resulta imprescindible para que el Plan Divino quede restablecido en la Tierra. ¡Y éste es el tiempo! porque más allá de que tan sublime acontecimiento se produzca en siete, en cuarenta y cinco o en trescientos veinte años más - lo que por cierto dependerá y en gran medida de lo que la humanidad haga al respecto - es inevitable que ocurra ya que obedece a razones de origen supra humano.